A veces te encuentras con un lugar en el que todo encaja a la perfección. Donde el ambiente, la comida y la energÃa se unen para crear una experiencia que no se te olvida. Para mÃ, ese lugar fue Hasta La Vista Baby.
Situado en el Zuidas, un lugar que a menudo se asocia con un ambiente austero, profesional y ajetreado, este restaurante se percibe precisamente como un cálido refugio. Nada más entrar, te das cuenta de inmediato de que no es un local cualquiera. Tiene carácter. Está lleno de vida.
Lo que llama la atención de inmediato es la cocina abierta. Sin secretos, sin distancia: todo sucede ante tus ojos. Ves a los chefs en acción, sientes la energÃa, hueles los sabores que poco a poco cobran vida. Le da una cierta honestidad a la experiencia, como si por un momento formaras parte del proceso.

Y luego la comida… la disfruté de verdad. Platos que no solo saben bien, sino que también están elaborados con esmero. Se nota que hay amor en ellos. No son excesivamente complicados, sino puros y fieles a lo que pretenden ser.

Lo que completa la experiencia es la vista. Mientras estás allà sentado, contemplas el Zuidas: un contraste especial entre la tranquilidad de la mesa y el dinamismo de la ciudad que la rodea. Le da un toque especial, como si por un momento te elevaras por encima del bullicio.

Hasta La Vista Baby es más que solo comida. Es un lugar donde se unen el ambiente, la experiencia y la calidad. Un sitio en el que te quedas un rato más, pides otra copa y, en realidad, no te quieres ir.
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